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Carlos Chávez tras el descenso de América de Cali: el penalti, amenazas, amor escarlata y más



Jugó en América de Cali. ¡Es canterano! Y vivió un momento inolvidable en la historia del club, pero siendo rival. Carlos Chávez es el arquero que marcó el penalti que consumó el descenso del equipo escarlata en 2011. Ahora, en entrevista con el Rincón del Deporte, contó muchos detalles alrededor de ese gol.

Pasaron más de 8 años de aquel día en el que Carlos Chávez, siendo arquero de Patriotas FC, marcó un penalti que decretó la derrota de América de Cali en la fase de promoción y significó el descenso del equipo. Hoy él, ya retirado del fútbol y viviendo fuera de Colombia, sigue siendo un hincha más que incluso estuvo festejando la Estrella 14 con la camiseta puesta.

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Acá su historia:

Llegada a América de Cali

“Llegué a los 8 años. Mi papá me llevó a las pruebas. Yo no tenía posición y al ver que fueron más de 100 a probarse y solamente había 2 arqueros, mi papá me dijo que probara ahí. Compramos todo, me presenté y quedamos los 3. Ahí empecé mi carrera. Me entró Pedro Zape, Reynel Ruiz, quienes me formaron”.

Debut con la camiseta escarlata

“Fue algo muy particular. En 2005 yo era el cuarto arquero. Estaban Róbinson Zapata, Julián Viáfara y Javier Dussán. Hubo paro en el Fútbol Profesional Colombiano y fue América de Cali el único que se mantuvo en pie. Jugamos contra Real Cartagena y América fuimos con la reserva. Nos dirigió Willy Rodríguez y Otoniel Quintana”.

Salida hacia otro equipo

“Salgo a principio de año 2008 y no tuve un buen arreglo con ningún equipo. Estuve parado profesionalmente, pero jugando el torneo de reserva con América. El profe Willy Rodríguez me llamó y me mantuve en competencia. Luego me contactó Nelson Abadía para ir a Patriotas. Fui a reforzarlo en 2008, 2009 y volví en 2011 de estar jugando en Perú con Inti Gas”.

Reacción al saber que enfrentaría a América de Cali en la Promoción

“Empecé a recibir llamadas de las barras. Tenía mucho amigo en Barón Rojo. Me decían que no podíamos ganar y muchas cosas que se ven en el fútbol. Fue difícil que me ofrecieran dinero por ganar y también demasiado por cometer errores. Fue difícil de asimilar, pero en mi casa me han criado con valores. Sabía lo que tenía que hacer”.

El partido en Tunja

“Había llovido toda la noche y en el partido nos hicieron un gol con un cabezazo. Creía tener el balón controlado y se me fue. No quería que quedara la duda que de pronto yo tenía algo que ver con la serie. Quería afrontar el partido en Cali con mucha seriedad y mucho respeto a la gente de Boyacá, haciendo las cosas de la mejor manera”.

La revancha en el Pascual Guerrero

“En la noche antes del partido hubo gente que cogió el hotel a piedra, quemando pólvora. Fue impresionante, para no dejarnos dormir. Nos llevaron un bus con bolsas de basura para protegerlo. Mis compañeros estaban muy tensionados. Les dije que saliéramos a calentar a la cancha para ir quitándonos la presión, pero primero solo salió Iván Corredor. Después fueron botando el peso de la presión. La Presidenta nos había ofrecido un dinero por ascender. Le dije que si confiaba en nosotros nos doblara el premio porque nosotros íbamos a ganarle al América de Cali. Ella lo hizo y esa fue una de las mayores motivaciones que tuvimos”.

Su familia en el estadio

“Mi mamá y mi esposa estaban del lado del banco de Patriotas. Mi papá y mi hermano estaban del lado del América de Cali. Fue algo bien intenso”.

Los goles del partido

“Sentí que el Pascual Guerrero se movía cuando ellos abrieron el marcador. Me sentí contento por la gente, pero sabía que teníamos que empujar para empatar. Cuando empatamos, la gente cayó y los jugadores también, eso fue bien particular”.

El penalti definitivo

“Sí había algún penalti en el partido, yo lo pateaba porque en el Torneo ya había hecho 6 goles. Yo era el número 1. Al momento de la definición le dije al profesor que iba de primero, él se fue con el asistente y al volver me dijo que no, que iba de quinto. Le dije que no me hiciera eso y me respondió, ‘¿te cagaste?’ Le dije que no y me dijo que me acordara que así había pasado contra Cortuluá en la final del semestre. Entonces me arrimo a mis compañeros y les pedí que hicieran los 4 penaltis para que no me tocara patear y que yo me comprometía a tapar 1 o 2. Los vi focalizados, pero desafortunadamente botamos el cuarto y entonces me entra a mí el nerviosismo. Antes cuando habían pateado Jersson, Arango, Melo y Córdoba, yo iba a hablarles, a desorientarlos, a decirles algo. Cuando le tocó al Tigre Castillo, no le dije nada. Es una persona de mucho respeto, un gran amigo, antes me quedaba con él practicando. Y cuando él pateó, tomé la decisión de lanzarme al otro lado de donde él pateaba y desafortunadamente lo botó. Me quedé en el suelo y ya sabía que yo iba a hacer el gol. Puse el balón, miraba el estadio callado y rematé como lo hacía siempre”.

¿Pensar en botarlo?

“Cuando el balón del Tigre pega en el palo, yo sabía que yo lo iba a hacer. Solo pensaba en qué iba a pasar después y cómo iba a reaccionar la gente y cómo iba a reaccionar el fútbol. Restrepo (el arquero local) estaba muy nervioso. Nunca dudé en hacer el gol. Ese era mi trabajo, lo tenía muy claro”.

¿Por qué no celebró?

“Quería reaccionar pero mi cuerpo quedó en shock. El árbitro pitó y venían mis compañeros, no tuve reacción por lo que había pasado. La euforia de mis compañeros fue opacada por mi reacción. Llegó el profesor a sacarme al camerino. Entré llorando porque estaba emocionado y consternado por lo que iba a pasar. Nos saludamos todos. Llegó Julián Viáfara al camerino, saludó al profe Prince, se me arrimó y pensé que me iba a regañar. Se sentó al lado mío y me felicitó porque hice todo lo que le dijo que hiciera al otro arquero. Sentir su apoyo me dio tranquilidad”.

¿Qué vino después?

“Yo ya había dicho que no iba a regresar a Tunja, independientemente del resultado. No quería que me vieran celebrando si ganábamos. A nosotros nos llevaron en tanqueta. Salimos a la 1:30 a.m. del estadio. Cerraron todo el hotel donde estábamos y yo me quedé ahí hasta las 8:00 a.m. cuando me fui a mi casa. Me fui caminando de donde mi esposa, que eran 2 cuadras, la gente pasaba y me gritaba cosas. Entonces decidí cambiarme de vivienda y hablar con la seguridad para que nos acompañara en ese diciembre.

Ese diciembre fue terrible, de los peores que tuve. No pude hacer nada ni salir. Yo me casaba, ya tenía todo armado, pero se dieron cuenta donde me iba a casar y amenazaron al señor que me iba a arrendar el lugar. Tuvimos que hacer algo muy pequeño. Se me criticó mucho, pero ese era mi trabajo”.

Familia en Cali

“Al principio hubo un poco de miedo. Nosotros en el barrio somos conocidos, mi abuelo fue fundador. Por ellos hay más respeto. El miedo era por la familia de mi esposa y el niño. Traté de aislarlos un poco y que no vivieran esas experiencias desagradables. Nunca hubo un arrepentimiento del penalti y haber hecho el gol”.

Retiro a los 32 años

“Quería llegar al Atlético como trampolín para que volvieran a verme. Me salieron ofertas para ir al extranjero, pero no quería separarme de mi familia. Ese tema me impulsó a tomar la decisión. Se extraña como se vive el fútbol en Colombia”.

¡Su amor por América de Cali!

“Nunca dejas de ser hincha del equipo. Estuvimos celebrando el campeonato con la camiseta del América de Cali. No me pierdo ningún partido. Lo acompaño a la distancia. Ese amor no muere”.

Las respuestas de Carlos Chávez en El Rincón del Deporte



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