El año del Mundial
El primero de enero, cuando me desperté, el primero pensamiento que tuve se refirió a la Copa del Mundo. Entonces me dije: “Menos mal tan sólo restan 6 meses para su inicio”. Pronto vendrá la euforia por conocer las camisetas de los 32 equipos, los jugadores destacados, la especulación sobre los favoritos, las sorpresas y los fracasos. Y, sin duda, pronto las calles estarán invadidas por la fiebre del álbum y sus laminitas.
La obstinación de un jugador
En el Olimpo del fútbol mundial, el Barcelona goza de una identidad y un estilo difícil de igualar. Sus jugadores desde la línea defensiva encabeza por el corajudo Puyol, hasta pasar por el cuadrado mágico: Xabi, Iniesta, Henry, Messi y ahora su punta letal: Ibrahimovic son los protagonistas de un equipo que sin duda pasará a la historia. No creo que en los últimos 15 años, otro conjunto haya tenido una mayor vistosidad y elegancia en el juego.
Esta columna la estoy terminando de escribir en el aeropuerto de Estocolmo, Suecia, luego de un corto pero intenso recorrido por ciudades como Madrid, París y Ámsterdam. Es domingo y el día, además de ser nublado y frio, se podría decir que incluso resulta hasta triste.
La idea con la que nació esta columna era escribir sobre lo que sucede en el fútbol internacional, principalmente en el europeo, contar ciertos detalles de lo que pasa en las ligas y de cómo se comportan sus jugadores, ídolos y seguidores. Mostrar un contexto y tratar de explicar las pasiones que este deporte despierta. Nunca pretendí hacerlo desde la voz de un apasionado fanático, tampoco intenté asumir con vehemencia las banderas de un equipo o un jugador. Simplemente se trataba de un espacio para argumentar y exponer ciertos detalles y aspectos que por la vorágine del día a día se suelen perder… o al menos pasan desapercibidos. Esa era la única pretensión, o digamos, la mayor.