El texto que presentamos a continuación es archivo de originalmente publicado en nuestro portal para el año 2010….
Cuéntame, musa, la historia de aquel hombre, uruguayo él, que en su camino errante y después de mucho trasegar llegó al América de Cali.
Vio muchas dificultades y dolores sufrió, pero allí se conoció su talante de asegurar el porvenir de él y sus compañeros. De su propia insensatez y con mucho pudor le atajó dos penaltis a Millonarios y fue dios por un instante convirtiendo, en el mismo juego, un gol.
El heroísmo de Alexis Viera es vanagloriado por toda la comunidad “Escarlata” y del fútbol en general, pues la leyenda de su gesta se esparció por todo el continente. En Argentina, país en el que fue verdugo del poderoso Boca Juniors en 2006, le rinden tributo. Y en el gigantesco reino de You Tube reviven su historia, aclamada y pedida a gritos por cualquier fan enamorado de las rarezas futboleras.
No es usual, tampoco hay escritos que digan lo contrario, que se hayan repetido episodios como el de Viera en los anaqueles del fútbol colombiano. La historia solamente es generosa con aquellos guardametas que vestidos de héroes atajaron dos penaltis en un mismo partido. En América, otrora poderoso, para nada similar al de ahora, el primero en forjar esta estirpe de arqueros ataja-penales fue un mítico de nuestro balompié, Julio César Falcioni.
Cómo olvidar aquel día de diciembre del año 1987 en que Falcioni, como si fuese un guerrero alado, contuvo los disparos que desde los 11 metros le hicieron los jugadores de Nacional J.J. Galeano y Humberto Sierra. Ellos, los antioqueños, locales en el Atanasio Girardot, heridos en su orgullo vivieron la desazón de ver festejando a Falcioni y Willintong Ortiz, hacedores de una proeza porque el primero, con sus atajadas, y el segundo, con su gol, permitieron que el equipo del diablo en su escudo disputase la Copa Libertadores de la temporada entrante.
De estirpe triunfadora y con aires de grandeza, los arqueros argentinos escribieron estas historias. Mucho antes que Falcioni, alguna vez repitieron una actuación pulcra bajo los tres palos sus compatriotas Juan Carlos Delménico, en Atlético Junior, y un orate que pasó por Millonarios: Alberto Pedro Vivalda. El primero expuso su experiencia contra Tolima al frenar los lanzamientos de Fabio Espinoza y Néstor Sanjuán. El “Loco” Vivalda, por su parte, se encargó de profanar la casa del Pereira en una tarde noche de 1982, permitiendo al “Ballet Azul”, de paso, ser líder de aquel torneo.
Ilustres caballeros de los 90
Década tocada por el mal del narcotráfico que atacó sin piedad a varios clubes grandes, entre ellos América y Millonarios, nacieron en nuestra tierra otros porteros que crecieron con las anécdotas de los próceres argentinos para escribir más capítulos de esta entretenida leyenda en los 90.
De Barranquilla surgió José María Pazo. Aprovechaba cada vía libre que le daban para ser la estrella del Junior y el 2 de agosto de 1992 se apuntó a la lista con dos penaltis contenidos a los futbolistas del Pereira Nelson Gómez y Ariel Mario Aré.
Del mismo linaje de quienes gozan con el silencio y son poco evocados encontramos a Hernán Torres. Ya se avizoraban sus cualidades de hombre sabio que hoy le permiten dirigir con éxito al sorprendente Tolima. El 3 de marzo de 1996 impuso su figura para opacar a Hugo Arrieta, delantero de… sí, otra vez Pereira. Torres se brindaba por completo para Once Caldas, que ese día, fiel a su tradición en los clásicos contra el pelotón “Matecaña”, lo goleó 5 – 1 sin piedad.
Uno que sí nació bajo el signo caldense es Luis Eduardo Martínez, eterno suplente de los “Albos”. Un buen día aprovechó la oportunidad en la ardiente Cúcuta, donde Once Caldas rescató un empate gracias a sus gloriosas manos, capaces de frenar los lanzamientos Eduardo Ramírez y Eder de la Rosa el 30 de marzo de 1997.
Uno que optó por el camino de los narcisos, figurines de todos y amantes de sí mismos, fue Miguel Calero. Uno de sus tantos shows lo dio en Santa Marta, donde venció las tribulaciones del clima, de la popular “Loca” que amenaza con persuadir la trayectoria del balón. Calero detuvo con consumada técnica los penaltis que le cobraron Carlos Mendoza y Yerson Fula.
Allanó el camino para Viera
Profetas en tierras ajenas, los uruguayos suelen ser solidarios cuando viven fuera de sus casas. Leonel Rocco, aquel que con ademán serio jugó algún tiempo en Santa Fe, vivió sus épocas más gloriosas en Colombia cuando le encomendaron la portería del Atlético Bucaramanga, un barco a punto de naufragar en 2001, cercano a la fuerte marea del temido descenso.
Rocco, con su estilo paciente, no olvidará cuando salió aplaudido por una afición gozosa porque su amado Bucaramanga, el mismo que después de un tiempo se hundió en la B, venció a Medellín 2 – 1 y su portero charrúa lució gigante frente a los penaltis que infructuosamente lanzaron Jorge Horacio Serna y un ex ídolo “Búcaro”, Henry Vásquez.
Hasta el pasado sábado 3 de abril Leonel había sido el último en realizar una magnífica actuación. Lo era porque apareció Viera, hambriento de gloria que llegó al extremo de atreverse un poco más. Tapó penales y cuando le dijeron que cobrara uno no lo desperdició.
Cuéntame, musa, más historias de aquellos célebres guardametas que en sus caminos errantes y después de mucho trasegar se convirtieron en héroes…
