La gente los idolatra y jamás perdonarán que los ofendan o les pase algo, máxime si es causado por alguien del mismo grupo. Sea quien sea y tenga el cargo que tenga. Se metió con el consentido de la gente, así que a pagar las consecuencias.
El cariño de la gente hacia los ídolos les proporciona un aura de grandeza y un poder que incluso rebasa al de las esferas altas del club. La gente legitima esas facultades. Ese poder inmaculado también se convierte en motivo de disputas internas, alimentadas por una envidia de verse disminuido por alguien que tiene los votos del pueblo.
Ese ser enceguecido por recuperar su sitial de lujo está representado en José Mourinho, a quien no le quedó más estrategia que usar las facultades legales por las cuales se ubica un escalón por encima de los ídolos para dictar un golpe de opinión, que terminó por ser su espada de Damocles.
Sacar a Iker Casillas de la titular fue su condena más allá del resultado contra Málaga, lapidario para un Madrid que deberá mejorar mucho si desea alcanzar al Barcelona. El hincha está ofendido por lo que hizo con Casillas, para muchos el mejor portero del mundo; en concepto de Mourinho, un suplente que no tenía nivel para atajar.
Mourinho tocó a un ídolo, no se sabe por qué. Su argumento fue técnico; también pudo ser el inicio de su fin como entrenador del Real Madrid, buscando una salida que a como dé lugar evite que sea despedido por resultados, como pasa con la mayoría de técnicos en el mundo. Puede ser toda una artimaña para irse del club, disimulando con una polémica su mal presente al frente del equipo y la penosa situación en la que se encuentra, dado que un club como el Madrid está llamado a pelear siempre por la punta de igual a igual con el Barcelona.
El problema de fondo es un choque de egos. A Mourinho le tocó un camerino especial, se trata del Real Madrid, el club de la historia por excelencia, el glamur hecho fútbol. Allí encontró referentes, de los cuales uno, Iker Casillas, es el niño mimado que ama la camiseta porque Real Madrid es su casa. No hay nadie que entienda el significado de ser “Merengue” como él.
Mourinho siempre ha sido la estrella por donde pasa y de su mano se construyeron ídolos. Esa es la gran diferencia de su paso por Madrid. Lo hizo en Porto, Chelsea, Inter. Con el Real es diferente, la historia es más grande que la suya y los logros personales de un técnico quedan atrás si no haces ganador al equipo de los ganadores, en el que las leyendas ya están escritas y para superarlas no basta con ser un “The Special One”.
Mourinho se metió con una estrella del Madrid, con un ídolo que quiere el pueblo y por que el jamás pedirán que le bajen el pulgar. La peor derrota de un técnico es cuando no hay credibilidad , en ese instante llega la hora de partir o ser despedido.